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Discurso de apertura

Taller sobre Incidencia Ignaciana
El Escorial noviembre 2008
Elías Royón, S.J.

Como Provincial de España es para mí un honor acoger en Madrid la celebración de este Taller de Incidencia ignaciana. Mi más cordial bienvenida a todos los participantes que representáis la universalidad del cuerpo de la Compañía y de sus colaboradores en el trabajo por la promoción de la justicia que brota de la fe. Agradezco el esfuerzo que habéis hecho para participar en este Taller, con agendas apretadas, teniendo que dejar por unos días realidades muy complicadas de vuestros países, o de organizaciones que tenéis que atender.

Mi felicitación y agradecimiento muy particular a los miembros del “Equipo Facilitador” responsable de la dirección del proyecto. Gratitud a todos los que de diferentes organizaciones habéis colaborado en esta iniciativa tan importante para el trabajo social de la Compañía: el Secretariado para la Justicia Social de la Curia General, JRS, OCIPE, Coordinación del apostolado social de Estados Unidos de América, Centro para las teologías de la liberación de Lovaina, Alboan y Entreculturas-Fe y Alegría-España.

Un evento de esta envergadura no es posible sin la colaboración y el trabajo de mucha gente; un trabajo mucha veces escondido; a todos y a todas las personas que habéis estado detrás del escenario y que habéis hecho posible que este Taller tuviera lugar, muchas gracias. Entre ellas sé que están muchos/as colaboradores de Entreculturas. Nuestra gratitud.

La incidencia política no es para vosotros una línea de trabajo nueva, pues bastantes instituciones sociales de la Compañía llevan tiempo trabajando en esta dirección. Sin embargo, el contexto y el modo en el que se realiza se ha visto modificado en los últimos años por el proceso acelerado de la globalización que ha provocado un incremento de la importancia del ámbito de lo internacional.

También durante los últimos años se han producido diversas iniciativas que han buscado impulsar y fortalecer la capacidad de la Compañía para la incidencia política aprovechando, “su extraordinario potencial que representa el carácter de cuerpo internacional y multicultural” (CG 35, D.3, n. 43), a la vez que desarrollaban un modo propio de realizar la incidencia.

De la convergencia de estas iniciativas surgió la idea de animar la organización de un Taller, con el que poner en marcha un proceso que impulse la incidencia política desde los elementos de la espiritualidad ignaciana. Su objetivo principal será, por tanto, sentar unas bases sólidas, que impulsen la incidencia internacional en las Obras de la Compañía. Para ello se pretende obtener dos resultados: avanzar en la elaboración de un marco teórico común, de un lenguaje compartido, sobre lo que es y cómo hacer incidencia, informados por la espiritualidad ignaciana. Y a la vez, el taller ayudaría a identificar los elementos principales de un posible plan de acción que permita avanzar en la incidencia internacional.

En cuanto a su metodología habéis querido que la agenda combine la reflexión sobre documentos previamente preparados y sobre experiencias significativas de incidencia internacional, con momentos de oración, de compartir, de celebración…Así, el modo mismo de proceder en el desarrollo del taller es ya ignaciano. No será principalmente un taller técnico, sino que tendrá mucho de discernimiento, de escucha atenta a lo que el Espíritu inspire a través de todos los participantes. Ignacio nos ha enseñado a apoyarnos en la luz del Señor que guía y conduce para buscar juntos, reconociendo y recorriendo caminos nuevos, sin adelantarnos a sus inspiraciones, sino acogiéndolas con humildad y gratitud.

No será fácil encontrar en un Diccionario de Espiritualidad Ignaciana el término “incidencia”, y sin embargo me parece acertada la elaboración, como la que os disponéis hacer, de un marco teórico común y de un lenguaje compartido sobre lo que es y cómo hacer “incidencia” internacional inspirada en la espiritualidad ignaciana. Ésta efectivamente, integra una serie de componentes que pueden inspirar una concepción y una práctica de incidencia.

Los Ejercicios Espirituales serán siempre la fuente de donde broten sus elementos constitutivos. Ellos favorecen una experiencia renovada y profunda de la reconciliación con Dios en Cristo y con los demás (CG 35, D.3, n. 19). De ellos nace una espiritualidad encarnada, que pretende la conversión del corazón humano y en consecuencia transformar las estructuras sociales, culturales que condicionan al hombre y le impiden vivir y actuar según su vocación de hijo de Dios. San Ignacio nos propone, en la meditación de la Encarnación, contemplar el mundo, con su universalidad y diversidad, desde la Trinidad, y con Ella somos invitados a mirar una realidad que está necesitada de salvación y a escuchar las palabras llenas de esperanza del Padre: “hagamos redención”. Y así somos llamados a ser colaboradores con Cristo en su misión salvífica; una salvación integral que busca la justicia que nace de la fe e incluye los ámbitos de las causas de las injusticias de nuestro mundo: el corazón del ser humano y las “estructuras de pecado”.

Se puede decir que la opción preferencial de la espiritualidad ignaciana es la persona, toda la persona, “creada y amada por Dios”. Una incidencia inspirada en esta espiritualidad no puedo no llevarse a cabo desde la perspectiva de la persona humana. La incidencia obliga, por tanto, a acompañar y servir a los que sufren y son víctima del egoísmo y de las estructuras injustas y, a la vez, a hacerse presentes allí donde se toman las decisiones para influir en la transformación de las complejas causas de tales injusticias. Esta espiritualidad, pues, nos invita a tender puentes entre ricos y pobres, a superar las fronteras que separan y marginan, a establecer vínculos para la colaboración entre los que detectan el poder de decidir y los que difícilmente pueden hacer oír su voz. (CG 35 D.3 n.28). Es la respuesta a la llamada del Rey Eternal a trabajar al servicio del Reino de Dios para instaurar relaciones justas entre los seres humanos y proclamar su mensaje de fraternidad y de reconciliación.

Creo que la espiritualidad ignaciana puede enriquecer también a la incidencia política, con la práctica y las actitudes que exige el discernimiento, con el fin de descubrir dónde se encuentra la mayor necesidad y la esperanza de un bien más universal; necesidad y universalidad que son dos criterios ignacianos para elegir dónde actuar y hacerse presentes. Este discernimiento, orante y apostólico a la vez, que lleva a la toma de decisiones y por tanto a la acción concreta, requiere una atención particular a las circunstancias histórico-sociales y personales pues a través de ellas Dios manifiesta su voluntad. Como igualmente tomará en consideración otro de los elementos típicos de la espiritualidad ignaciana: la calidad como expresión del magis. Se espera un trabajo bien hecho, cualificado, con rigor intelectual, solvencia, libre, ajeno a todo influjo partidista, y de modo particular, con un conocimiento sin prejuicios de las situaciones a favor de las cuales se pretende hacer incidencia.

Creo que no es demasiado aventurado decir que este Taller es un fruto de la reciente Congregación General 35. Aunque no lo sea estrictamente porque ya se había pensado en su realización meses antes, sin embargo responde a muchas de sus intuiciones y sugerencias desperdigadas en los diversos decretos y especialmente en el de Misión. Ciertamente el Taller está inspirado en algunas de las líneas de fondo de este Decreto, como son la universalidad, la reconciliación y la necesidad de ayudar a transformar las estructuras creadoras de injusticias.

El Taller quiere animar el trabajo en red de la Compañía y en particular en la incidencia. Ya la Congregación General 34, hace, pues, más de quince años, insistía en dos de sus Decretos sobre la necesidad de crear e impulsar el trabajo en red. Animaba a colaborar con laicos en la creación de “redes apostólica ignacianas” (D. 13, nº21) y urgía al gobierno de la Orden a impulsar redes globales que pudieran “enfrentarse a problemas globales, por medio de la mutua ayuda, información, planificación y evaluación compartida”. Y se hacía alusión explícita a “una colaboración a través de agencias internacionales, organizaciones no gubernamentales y otras organizaciones en proceso de creación de hombres y mujeres de buena voluntad” (D. 21, n.14). Ahora la CG 35 ha puesto muy de relieve el sentido de universalidad como nota identitaria del cuerpo de la Compañía. Más allá de la moda por el trabajo en red, creo que estas no son sino la expresión moderna y contextualizada, en este mundo global, del sentido de cuerpo universal de la Compañía. Por tanto, no se trata de trabajar en red simplemente porque así aumenta la eficacia, que ciertamente tiene este modo de trabajar, sino de ser red porque eso remite a nuestra misma identidad.

En este contexto global, es importante señalar el potencial que representa el ser un cuerpo universal e intercultural; actuar coherentemente con este carácter internacional puede, no sólo mejorar la efectividad apostólica, sino que en un mundo fragmentado y dividido, puede ser también testimonio de reconciliación en solidaridad con todos los hijos de Dios (CG 35, D.3, n.43)

Esta incidencia internacional es una tarea privilegiada para avanzar en la colaboración interprovincial e intersectorial a lo que tanto anima también la CG 35, al afirmar que “hoy es una necesidad insoslayable la colaboración entre provincias y regiones para llevar a cabo la misión apostólica de la Compañía” (D. 5, nº 17), y esto porque se tiene conciencia de que “muchos de los problemas de nuestro tiempo son universales y por tanto exigen soluciones universales” (D. 5, nº 17 cfr NC 395, 1, ). La incidencia requiere también la participación activa de otros sectores apostólicos, y en especial el de educación universitaria y, de todo el apostolado intelectual, por lo que la colaboración intersectorial es fundamental. “Nuestro apostolado intelectual, dice el decreto de Misión, nos proporciona una ayuda inestimable para establecer puentes, ofreciéndonos nuevos modos de entender, en profundidad, los diversos mecanismos e interconexiones de los problemas actuales.” (D. 3 n. 28).

“Ignacio y sus compañeros, nos ha recordado la Congregación General 35, comprendieron la importancia de llegar a las personas situadas en las fronteras y en el centro de la sociedad, de reconciliar los que estaban alejados de cualquier modo” (D. 3, nº 15). Hoy podemos afirmar que es más necesaria para nuestro mundo la tarea de favorecer la reconciliación, de tender puentes superando fronteras, que promover la confrontación (cfr D.3, nº 17), Así la incidencia política obliga a estar presentes en los márgenes, en los lugares donde la gente sufre y, al mismo tiempo, tener una presencia en los centros de poder.

“Nuestro compromiso, desde la espiritualidad ignaciana, de ayudar a establecer relaciones justas nos invita a mirar el mundo desde el lado de los pobres y los marginados, pero la complejidad de los problemas que encaramos y la riqueza de las oportunidades que se nos ofrecen, pide que nos comprometamos en tender puentes entre ricos y pobres…en la colaboración entre aquellos que detentan el poder político y aquellos que encuentran dificultades en hacer oír sus intereses” (D. 3, nn. 27,28).

Así la incidencia puede ser el complemento perfecto y necesario a la tarea de presencia y acompañamiento entre los pobres. Incidencia y acompañamiento a los que sufren no tienen porque ser dos campos antagónicos y enfrentados. Al contrario ambos se necesitan y complementan mutuamente. Exigen a veces metodologías, saberes y formas de actuar distintas, pero es imprescindible la unidad en la misión, tener la conciencia clara de que existe una comunión real de objetivos más allá de las diferencias que conlleva cada tarea.

Hablar de incidencia nos debe llevar a hablar de colaboración y relación con otros. “La colaboración en el centro de la misión”, es el título del Decreto de la CG 35. En especial la incidencia hecha al estilo ignaciano, que quiere ser lo más eficaz posible y que sabe de la complejidad del problema que desea afrontar, debe llevar a impulsar la colaboración especialmente con otras obras de Iglesia y con otros actores representativos en este mundo global: los movimientos sociales y las ONG; las empresas, las instituciones internacionales etc.

Tenéis por delante una tarea ilusionante. Os motiva el sentiros convocados por el Señor a contribuir, desde la espiritualidad ignaciana, a la transformación de las causas del sufrimiento de tantas personas de nuestro planeta. Un objetivo inmenso al que queréis contribuir con vuestro esfuerzo y vuestra creatividad en el campo de la incidencia política. Os sentís urgidos a caminar juntos, como cuerpo universal, al servicio de los más pobres y excluidos, contemplando “el mundo en su redondez” desde la mirada llena de compasión y amor de la Trinidad.

Termino recordando unas palabras de la CG 35: “En un mundo rasgado por la violencia, las luchas y la división, nos sentimos llamados, junto con otros, a ser instrumentos de Dios, que estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuentas de sus pecados. (2 Cor 5,19) Esta reconciliación nos llama a construir un nuevo mundo de relaciones justas en el que superando todas las divisiones, Dios restaura su justicia para todos”. (D. 3, n. 16)

Muchas gracias.

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About utaroma

I'm the Officer for Advocacy Networks and Communication of the Social Justice and Ecology Secretariat at the Jesuit Curia in Rome. Or, shorter and sweeter: passionate about writing, fighting and networking for the greater glory of God.

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